¿Cómo se vive la violencia contra la mujer?

La Organización de la Naciones Unidas (ONU) define la violencia en contra de la mujer como “todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”. 

Este tipo de violencia se clasifica para la ONU bajo dos categorías: 1) Violencia de pareja y 2) Violencia Sexual. La primera se refiere al comportamiento de una pareja o expareja sentimental que causa daño físico, sexual, psicológico y las conductas de control. La segunda implica el acto sexual o la tentativa de cometerlo contra la sexualidad de una persona mediante la coacción de otra persona. Esto comprende también lo que comúnmente es llamado como violación que para ONU Mujeres se define como “la penetración, mediante coerción física o de otra índole, de la vagina o el ano con el pene, otra parte del cuerpo o un objeto”.

Hay dos tipos de violencia para la  ONU: 1) De pareja 2) Sexual

Violencia

La Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993 buscó ampliar las prácticas relacionadas a la violencia en contra de la mujer para proteger a las mujeres de prácticas más allá de lo sexual y que trasciendan el espacio estrictamente de parejas. Con base en el artículo 2 de la Declaración, la violencia en contra de la mujer implica:

  1. La violencia física, sexual y psicológica que se produzca en la familia, incluidos los malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer, los actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia y la violencia relacionada con la explotación.
  2. La violencia física, sexual y sicológica perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada.
  3. La violencia física, sexual y sicológica perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra.

Constructo social

Foto: Tercera Vía

La violencia en contra de las mujeres tiene que ser entendida también como un constructo social que se materializa en la cultura de una sociedad. Para Amnistía Internacional esta violencia es producto de una “cultura de discriminación, la cual niega a la mujer los mismos derechos que tiene los hombres y que legitima la apropiación de los cuerpos de las mujeres para satisfacción personal o fines políticos”. La violencia puede estar relacionada también con la discriminación hacia por asuntos de raza, etnicidad, identidad sexual, estatus social, clase y edad. La exclusión de las mujeres por alguno de estos elementos las vulnera y puede desembocar en que sean violentadas dentro de su sociedad.

1.La Declaración Universal de los Derechos Humanos

En el artículo 2 de esta declaración se menciona que “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

2. Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer.

En el artículo 4 de la declaración se sostiene que “La mujer tiene derecho, en condiciones de igualdad, al goce y la protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural, civil y de cualquier otra índole. Entre estos derechos figuran: El derecho a la vida, el derecho a la igualdad, el derecho a la libertad y la seguridad de la persona, el derecho a igual protección ante la ley, el derecho a verse libre de todas las formas de discriminación, el derecho al mayor grado de salud física y mental que se pueda alcanzar, el derecho a condiciones de trabajo justas y favorables, el derecho a no ser sometida a tortura, ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”.

Foto: Tercera Vía

3. Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.

La convención aprobada en 1979 establece en su artículo 1 que “la discriminación contra la mujer denotará toda distinción, exclusión a restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera”.

La violencia puede estar relacionada también con la discriminación hacia por asuntos de raza, etnicidad, identidad sexual, estatus social, clase y edad.

Uno de los resultados que han dejado estos tres documentos es que han puesto a la violencia en contra de las mujeres como una violación directa a los derechos humanos -sí, sabemos que es obvio, pero la violencia machista no lo había entendido así-. Al poner este tipo de violencia a la altura de los derechos humanos el Estado se vuelve responsable de proteger los derechos de las mujeres y castigar e impedir que sus derechos sean objeto de constantes violaciones.

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De acuerdo con una encuesta elaborada por la compañía YouGov, el antes llamado Distrito Federal es la segunda ciudad en el mundo más peligrosas en viajar en transporte público siendo mujer. De acuerdo con este estudio, 6 de cada 10 mujeres en la ciudad han sufrido algún tipo de acoso físico dentro del transporte público. Esta cifra dobla al número de mujeres que han sido víctima de este tipo de delito en la ciudad de Nueva York. Estas cifras negativas sobre diversas ciudades en México sólo reflejan lo peligroso que el país se ha convertido para las mujeres, tanto nacionales como extranjeras. Por ejemplo, el “International Women´s Travel Center” ubicó a México en 2015 como el segundo país más peligroso para visitar como mujer solamente después de la India, superando a países como Kenia, Egipto, Turquía y Arabia Saudita.

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